No recuerdo la razón. ni siquiera cuándo empezó; lo que jamás voy a olvidar es la cara que puso Norma, mi mamá, cuando descubrió la receta.
Durante mi adolescencia, antes de jugar cada partido con Malvinas, retiraba un cuchillo del primer cajón de la cocina, me arrimaba hasta el balcón del departamento y lo enterraba en el centro de una maceta.
Suponía que mi rito, sumado al del resto de mis compañeros iba a ayudar a la causa de nuestra camiseta.
Una mañana, mientras regaba las plantas, mi vieja le gritó a papá -¡Rubén vení por favor, mirá lo que encontré! ¡alguien nos está haciendo magia negra! (eran mis cuchillos clavados entre los malvones, bien profundos, en la tierra).
A Malvinas le sobra talento. El plantel del verde no requiere ayudas extras. Tiene un líder carismático, protagonista de mil leyendas, jugadores con experiencias, novatos con gran categoría y variantes de excelencia. Los jugadores de Malvinas no son menos que nadie. Los que no nos temen, nos respetan. Es verdad que debe aprobar trece exámenes, y que nadie es campeón en la previa, tanto como lo que muchos suponen. La chance de recuperar la gloria extraviada es concreta.
¿Hasta donde llegará el barco comandado por Román y Norberto? ¿Serán Punta Indio, El Bolsón y Refugio López los escollos a sortear antes de alcanzar la meta? ¿Cuál es tu cábala preferida, estimado lector/jugador? (Si va a clavar un cuchillo en las macetas, avísele a su pareja. A Norma, mi mamá, casi le da un infarto; creía que era magia negra)...
JB

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