Frente al alambrado


El abuelo tenía la mirada fija entre el alambrado. El anciano de espaldas le suplicaba a su nieto que se deje de arrastrar por la tierra. No lo miraba pero sabía lo que hacía. Su objetivo estaba del otro lado del alambre. Unos jóvenes se dirimían en un partido de fútbol.
Curiosamente me fui acercando al señor.
Mirada profunda con unos anteojos grandes del tiempo pasado. Sus canas peinadas para atrás bien fijas que ni el viento las podía mover. Divisé en el bolsillo superior de la camisa un peine. A la vieja usanza, no dejaba nada librado al azar. Pantalón marrón de corderoy y unos zapatos bien lustrados completaban su vestimenta.


Nunca despegó la cara de ese partido. El nene había acumulado un montículo de piedras, las estaba contado. El chico se entretenía con lo que podía.
Los dos extremos, el viejo y el niño. La diversión y el aburrimiento. El chico se acercó hacia su abuelo y le suplicó irse. El longevo lo mandó a jugar, le dijo que disfrute de los juegos y lo despidió con un beso en la frente.

-Faul juez, gritó con bronca. -Eso es offside, volvió a increpar.
Me acerqué sin que él lo notara. Apenas atiné a hablarle me miró y sin sacar la mirada de su objetivo, me dijo: “No hay nada más emocionante que un partido de fútbol amateur”.

QF

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