Siempre que mi viejo me llevaba a
la cancha en el viaje me llenaba la cabeza hablando de un tipo que rompía los
arcos rivales. Cuando estábamos dentro del estadio nos ubicábamos siempre en el
mismo rincón y ahí se juntaban los mismos de siempre. Ellos también recordaban
con anhelo a ese tanque goleador.
Todo equipo de fútbol tiene su
goleador histórico, siempre se lo recuerda y se lo extraña. Lo mismo pasa en el
fútbol amateur. Justamente Malvinas no se hace a un costado de este mito.
Siempre que se habla de este tipo
de jugador fantasía, uno se imagina épocas de pelota de trapo o a lo sumo se
trata de remontar muchos años atrás. Acá nosotros tenemos la posibilidad de
convivir con el máximo goleador del equipo.
La fábula dice que muchas veces
lo quisieron suplantar, y él a costa de gritos se volvió a ganar un lugar. Los
viejos que jugaron con él han disfrutado sus goles que a su vez se convertían en
logros del equipo.
Javier “el chanchi” Linares
integra Malvinas desde sus 15 años. En sus años mozos convertía goles de todos
los colores (dice la leyenda), hay varios en el plantel que vieron muchos de
sus goles. Hoy con un trabajo diferente y con menos posibilidades las opciones
de gol se le van acabando. Así como los achaques de la edad les pegan a todos,
a él le estalló en sus piernas. Ya no es tan amigo del gol pero sí del equipo.
Más participativo que egoísta (y así tienen que ser lo goleadores) pasó los
últimos años esperando ese grito de desahogo, ese grito llamado gol.
Cada jugador que pasa por
Malvinas no puede pasar esquivo a su lado, a todos le comenta su proeza. Todos
saben por su propia voz de que él jugaba sin dormir, que él jugaba muy bien,
que él cuando tenía 17 años era
imparable. Qué fue goleador del torneo en varias oportunidades.
El tiempo pasa para todos. De a
poquito va llegando a su fin. Pero sus fuerzas y sus ganas le dan aliento para
un paso más. Lucha contra el tiempo y contra el físico, pero el que lo conoce sabe
que por ahí gana otra vez. Y será ahí que podrá agrandar la leyenda, será ahí
que podrá agrandar su score. Será ahí donde volverá a gritar su gol.
Pero cuando ya no estemos y
Malvinas siga su curso se escuchará sonar por algún rincón de River su voz
ronca diciendo “cuando yo tenía 17 años…”.
QF
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