Conozco gente que pasó por el equipo y hoy
ya no está. Vi desfilar a 4 técnicos y yo sigo sin jugar. Sé que no soy un
dotado para el juego, pero todos quieren que siga. Los entrenadores y mis
compañeros también.
Soy el primero en entrar al campo de juego.
Siempre elijo el banco de suplentes por el cual tiene que recorrer y marcar el juez de
línea, así lo tenemos cerca para hablarle sobre alguna jugada dudosa. Además
estoy encargado de fijarme los temas climáticos para contarle a Walter (el
arquero) qué arco le conviene elegir en el sorteo.
Me siento en el primer asiento de la
derecha del banco de los suplentes, es como mi cábala. Todo aquel que se atreva
a sentarse allí es expulsado de inmediato. La vista desde ese ángulo es la
mejor. Tantos años posando y tomando sol a la espera del ingreso sirvieron para
algo.
Soy uno de los que más alienta y más grita.
Por eso me rompe mucho las pelotas cuando algún compañero se hace expulsar
tontamente o se queja porque el técnico no lo pone en su puesto. Si supieran
que me rompo el alma en cada entrenamiento y en los pocos minutos que me tocan
entrar. Ojalá estuvieran al tanto de lo que daría por jugar de titular aunque
sea contra el último de la tabla. Pero nadie se pone de mi lado, total saben
que estoy.
He escuchado murmullos y cosas que se dicen
de mí. –Yo en el lugar de éste no vengo más-
y cosas como –Qué buen tipo Cristian, no se enoja nunca.
Quiero tanto al equipo y al fútbol, por eso
me callo. Pero tengan presente que el
próximo partido si me toca ir nuevamente al banco de los suplentes, vuelvo a
elegir el primer asiento de la derecha.
QF
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