El organizador

La mañana era lluviosa, oscura y triste.
Me desperté de un salto, me cambié, tome un café con leche frío, agarré el bolso y me fui para lo de Esteban.
El gordo aún dormía, la madre me dejó pasar y lo desperté a los golpes. Dale gordo que es domingo. Con los ojos entreabiertos me dijo “Anda, me duele la cabeza”.
-No puedo irme sin vos.
-Rolo, está lloviendo. No jodás, seguro que se suspendió.
-Levantate, que se va a suspender si es la final.
Se cambió y nos fuimos en busca de Pablo.

El torneo lo busqué y encontré yo. Siempre que hay que organizar sino lo hace Rolo no lo hace nadie. Es así. Todos quieren jugar, pero nadie organiza. A su vez era el capitán y el delegado. Me encargaba de averiguar fecha y hora de cada partido y también de avisarle a cada uno.

Llegamos a la canchita y éramos solo nosotros tres, faltaban 20 minutos y no llegaban. Los contrarios estaban todos.
Esta vez delegué, le avise al melli que le diga al hermano, total lo ve todos lo días. A Morales para que le notifique al tanque y a Dieguito.
Al rato me suena el celular. Miro el identificador, era el tanque. Lo atendí. –Rolo, es verdad que se juega hoy la final.
Lo quería matar. –Si bobo, no te avisó Morales.
–si, recién. Pero quería confirmarlo. Voy, pero llego tarde.

Le corté y enseguida llamé a Morales. -¿Dónde estás?
–Por salir de casa.
–Apurate que en 10 arrancamos.
–Mirá que llego tarde porque no me arranca el fito, no se para cuanto tiempo tengo.

Siempre igual, cada vez que tenía que arrancar el auto a la mañana le costaba un montón. Nunca lo pasaba a nafta, lo dejaba en gas. Por eso era una lucha cada vez que le quería dar marcha.
Éramos tres. A falta de 10 minutos y jugábamos la final. Que les pasa, es la final, no les interesa. Mi temperatura aumentaba minuto a minuto.

Enseguida llamé al melli. Me da ocupado, probé de nuevo y nada. Llamé al otro. –Che, te avisó tu hermano.
–¿De qué?.
Enfurecido le respondí –De la final, estamos por empezar.
–Enserio. No me dijo nada. Salgo ya, pero llegaré para el segundo tiempo.

No lo podía creer, una vez que no organizo se despelota todo. Los quiero asesinar a cada uno. Ahí me suena el celular del otro melli. –¿Me llamaste?.
–Si boludo, te olvidaste de avisarle a tu hermano.
-uh.
Ahí se me secó la boca. Y agregó “me olvidé, ya arreglé para hacer otra cosa”.
Increíble, que cosa es más importante un domingo a la mañana que jugar al fútbol y encima una final. -¿Qué mierda tenés que hacer?
–Voy con mi novia al shopping. 
–Lo mandé a la puta que lo parió y le corté.

Desbordaba bronca por todos los costados, ya faltaban cinco minutos y seguíamos siendo tres.
Otra vez suena el celular, está vez era Diego, dieguito. –Rolo sos un mala leche.
–Pará, ¿qué te pasa? –
Sos un forro, no me llamaste para la final, me querés borrar ahora. Yo que fui siempre y pagué siempre.
–para un poquito.
Y me vuelve a interrumpir –se que no soy el mejor, pero podrías haberme invitado aunque sea a mirar, sos una mala persona, así no se trata a los amigos.
–Dieguito, no te avisó Morales
–Si no me avisaba el no me enteraba, si te esperaba a vos me llamabas mañana para contarme como les había ido.
–Tranquilizate un poco.
–Hace como quieras, pero no voy. Y olvidate de llamarme para jugar otra vez. Me cortó.

Ya no daba más, entre tanta calentura se me acerca el organizador y me dice “Tenés 10 minutos más de prorroga, sino se presentan pierden los puntos”.
En eso le digo al gordo y a Pablo, vallamos a cambiarnos, de última nos presentamos los tres. Pablo me dijo que ni loco se iba a presentar para que nos llenen de goles, y el gordo asintió con la cabeza.

Miro por la ventana, llueve, es una tarde triste. En eso llegan todos.
Morales, Dieguito, los mellis y el tanque. Hoy 20 años después organizo mi cumpleaños y nos volvemos a ver. Es una buena oportunidad para darles las medallas de subcampeones de aquel domingo de abril.

QF

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